Amamos a los animales

Cualquiera que tenga en su casa perro, gato o cualquier tipo de mascota sabe del importante papel que el animal desempeña en la familia y del amor que se le procesa, pero seguramente no sabe que la relación del ser humano con los animales jugó un papel determinante incluso en la propia evolución de la especie, y que nuestra empatía y nuestro lenguaje no serían los mismos sin ellos.

Según la paleontóloga Pat Shipman, los animales jugaron un papel esencial en la evolución humana.  Los homínidos primigenios tuvieron que aprender a ponerse en el lugar de los animales para cazar o bien evitar ser atacados, lo que provocó el desarrollo de la empatía en el cerebro y las emociones humanas.

Con el tiempo, el volumen de información sobre los animales aumentó, los beneficios evolutivos de la comunicación de este conocimiento a otros también, y el lenguaje evolucionó como un medio externo de la manipulación y transmisión de información a través de símbolos. “Aunque no podemos descubrir el uso más temprano del lenguaje mismo, podemos aprender algo de los primeros artes prehistóricos con contenido inequívoco. Casi todas estas obras de arte representan a los animales”, asegura Shipman.

Tras acumular una gran cantidad de información acerca de los animales el hombre comenzó a domesticarlos procurando su  bienestar (hace unos 32.000 años) con fines muy variados: “Ofrecían inmensos recursos renovables para tareas como el seguimiento de juego, la destrucción de los roedores, la protección de familiares y bienes, prestación de lana para el calor, el transporte de seres humanos y mercancías a largas distancias, y la proporción de leche a los bebés humanos”.

Debemos tanto a los animales, que nuestro amor hacia ellos no tiene límites.

La evolución de la relación entre el ser humano y los animales ayudó a que el ser humano desarrollara características específicamente humanas, como son la empatía, la compasión y el compromiso.

En opinión del psicólogo clínico Félix Zaragoza, la relación entre el hombre y los animales es una relación “fundamental” para el ser humano, e incluso muchas veces en determinadas terapias, se recurre a ellos. “Todos conocemos casos de niños autistas, discapacitados o con problemas neurológicos que acuden a nadar con osos marinos, una actividad de lo más gratificante para los pequeños, que pueden abrazar algo parecido a un “peluche gigante” y que tiene un carácter “parecido al de un perro””.

En el caso de la equinoterapia o hipoterapia datada de los años 458-377 a.C. Hipócrates, Padre de la Medicina menciona en su libro “Las dietas” lo saludable del ritmo del caballo al andar, recomendando a sus pacientes incluso a los terminales, que dieran pequeños paseos a caballo diariamente ya que estaba convencido de que no sólo podían mejorar su salud física, psíquica y social.

Y es que la afirmación de que el perro es el mejor amigo del hombre no es simple palabrería. “La relación que desarrollamos con las mascotas es muy importante y muy valiosa, es diferente de la que tenemos con amigos o familiares y nos enriquece de otra manera, por otros canales”.

Y es que, como apunta Zaragoza, los animales no juzgan a sus dueños, sino que los aceptan y quieren tal cual son. Por eso es tan especial el vínculo que desarrollamos con ellos. Por eso y porque nos permite tener ‘alguien’  con quien desahogar nuestras emociones, ‘alguien’ de quien preocuparnos y ‘alguien’ que nos acompaña y nos aprecia sin condiciones.

 

 

 

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